Nueva York abre un macrocentro de vacunación en el estadio de los Yankees para acelerar el proceso

 


Chiara Fronte, italoamericana, 90 años en agosto, salía este viernes del estadio de los Yankees aturdida, en una silla de ruedas empujada por su yerno y escoltada por dos miembros de la Guardia Nacional. Había recibido la primera dosis de la vacuna contra el coronavirus el primer día de inoculación masiva en la arena del popular estadio, habilitado como macrocentro de vacunación para acelerar un proceso que aún renquea. A las ocho de la mañana entró el primer vecino del Bronx -solo se vacunará a los empadronados en el distrito-, y a mediodía, la cola de pacientes se mezclaba con la de quienes aspiraban a citarse, en medio de un enjambre de reservistas, policías locales, periodistas y voluntarios de distintas organizaciones de caridad. “Estoy un poco mareada de tantas vueltas como me han dado, pero no siento nada raro después del pinchazo, me tuvieron un rato allí esperando y no tuve ninguna reacción. Es que estoy muy mayor para este lío”, decía Fronte tras levantarse de la silla. “Estoy feliz porque si Dios quiere podré cumplir 90 años, pero muy triste al ver lo que esta enfermedad está provocando en todas partes. Es una bendición haber sido vacunada”. En la pechera llevaba aún la pegatina blanca con el número que le correspondía en la fila, pensando que le serviría para la segunda dosis, el próximo día 26.

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